LAS SIETE COLUMNAS

LAS SIETE COLUMNAS
Primera parte: saber vivir
“La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas” (Pr. 9:1).

LAS SIETE COLUMNAS
Primera parte: saber vivir
“La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas” (Pr. 9:1).

Introducción: “El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija” –reza un refrán popular. Significa que por estar cerca de personas sobresalientes podemos ser bendecidos. Semejante a este hay miles de adagios en mi país. México es famoso por sus dichos y refranes. Recuerdo las pláticas de los ancianos incluyendo dichos cada dos o tres frases enriqueciendo la conversación. ¡Todo un deleite! A la vez que involucra la reflexión del pensamiento para comprenderlos.
Los dichos populares son famosos por la sabiduría oculta resumida en ellos después de siglos de experiencia de una sociedad; son, por decirlo así, un tesoro de cultura popular. Similar a ellos, pero en grado superlativo, son los proverbios de Salomón. A través de ellos encontramos la forma práctica de vivir con resultados positivos. No es un libro de consejos, sino de semillas de éxito en forma de sentencias breves. La idea es alumbrar al ser humano, encender su luz o proveerle de un ambiente donde pueda tener la visión correcta para vivir. Eso es lo que hace el temor de Dios, aclara los ojos y muestra las cosas como realmente son.

Conocer y aplicar los proverbios bíblicos es como vivir en la experiencia de miles de años. Déjame explicarte. Solemos decir que si volviéramos a vivir, pero con la experiencia y los conocimientos que tenemos hoy, haríamos las cosas de modo diferente; ahora, imagina que volvieras a vivir pero con la experiencia de miles de años, ¡sería impresionante! Ese es el propósito de los proverbios, capacitarte para vivir de forma práctica con resultados asombrosamente exitosos.
Quien llega a dominar este libro literalmente no va a necesitar consejo para los asuntos de este mundo. Te enseña a vivir. Desde luego hablamos de conocer el libro y practicarlo, pues por demás está considerar a su autor humano y cómo desperdició su sabiduría. Salomón conocía la salida de emergencia, pero le gustaba quedarse en el fuego. Te lo diré de otra forma: sabía a causa de un don de Dios, además por la dedicación a aprender sabiduría, lo que debería y lo que no debería de hacer; sin embargo, usaba sus conocimientos para hacer lo indebido y luego evadir las consecuencias, en vez de santificarse. Era un claro ejemplo de “candil de la calle y oscuridad de su casa”. Enseñaba la verdad a los demás, pero no la vivía personalmente. Algo así como “que se haga la voluntad de Dios en la milpa de mi compadre”. Era sólo apariencia sin fondo. No había vida interior. Puro “caballo grande aunque no ande”; o bien, “el hábito no hace al monje…”.

La idea no es aprender los proverbios para aparentar que se es sabio, sino para vivir mejor. El sabio práctica, mientras que el necio aparenta o maquilla las cosas. Como dicen en el pueblo: “si el burro es teñido, cuando llueva estará perdido”. No hay sabiduría en la memorización, sino en la práctica de la verdad.

Los proverbios te ayudan a separar mentalmente la luz de las tinieblas, conocer el fondo de las cosas, qué es y qué no es conforme a Dios y a su reino. Desafortunadamente, cuando no aplicamos la palabra a nosotros mismos podemos aprenderla sin poder discernir entre el bien y el mal. Es un conocimiento abstracto sin resultados. Como dicen por allí: “ningún jorobado se quiere ver su joroba”. Pero una vez que comienzas a verte en las Escrituras como en un espejo, comienzas también a distinguir entre la luz y las tinieblas que hay en ti, para luego caminar en la luz. Entonces, vivirás feliz y con abundancia.

Transición: volvamos a leer el versículo inicial. “La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas” (Pr. 9:1). La sabiduría es la herramienta dada por Dios fundamentalmente para edificar casa. Dios le dio a Salomón sabiduría para que le edificara su Casa; también nosotros recibimos y debemos buscar sabiduría para edificar la iglesia y para edificar nuestra propia casa.
Dichas virtudes de una vida en luz (siete columnas) son:
1.- Saber vivir. Ser sabio.
2.- Saber edificar una familia.
3.- Saber administrar. Finanzas y trabajo.
4.- Saber vivir, ser santo y temeroso de Dios.
5.- Saber vivir, ser justo.
6.- Saber relacionarse con sus semejantes.
7.- Saber hablar, ser perfecto.

Notemos que una buena vida, lo mismo que una casa, se edifica, se construye poco a poco, una piedra encima de otra, una buena decisión seguida de otra mejor; asimismo, dicha vida tiene fundamentos, columnas en las cuales se sostiene.
No se puede tener una buena vida por ventura, hay que labrar columnas. Es un trabajo laborioso de golpes sostenidos con fuerza y arte hasta llegar a tener cada columna.
Tampoco puede edificarse una buena vida con dos o tres columnas, esta casa necesita todas las columnas para sostenerse.

1.- PARA SABER VIVIR…

a) Busca la sabiduría como si fuera tu mayor riqueza, de hecho, lo es. “Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, 2 Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, 3 Si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; 4 Si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, 5 Entonces entenderás el temor de Yahwéh, y hallarás el conocimiento de Dios. 6 Porque Yahwéh da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Pr. 2:1-6).
Recibir la Palabra. Mientras cuestiones, discutas, argumentes, no tendrás el provecho de la Palabra de Dios.
Guardar los mandamientos. La Palabra está viva, practicarla permite atesorarla y activar su ADN.
Oír y hablar sabiduría. Algunos oyen una cosa y hablan otra.
La plata se busca en minas, obtenerla es un proceso duro. Representa la economía, el dinero. Si tenemos una Biblia tirada en calle y también un billete de 500 pesos, ¿qué recogerá la gente primero?
Hallar tesoros no es fácil, es tan difícil que existe todo un mundo de leyendas y fraudes en derredor de ello. Así que los buscadores de tesoro deben ser muy perseverantes. Hallar sabiduría debe procurarse con mayor hambre y consistencia, con mayor dedicación y perseverancia. Escarbas y escarbas, vas cada vez más profundo.

b) Paga el precio, la sabiduría lo vale: “compra la verdad y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza y la inteligencia” (Pr. 23:23). Poca gente invierte en ser más inteligente, más sabio, más entendido. ¿Por qué gastas más en lo que te pones que en lo que eres? Dicen por ahí que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Sombreros grandes en cabezas huecas, y zapatos finos en pies torcidos.

Estudia, memoriza. Ora por sabiduría. “El que ama la instrucción ama la sabiduría” (Pr. 12:1). Tanto Salomón que oró por sabiduría, como Jacobo que nos recomienda lo mismo, debemos orar para ser sabios. Si los hombres pueden enseñar trucos a los monos, ¿no podrá enseñar Dios sabiduría al hombre?

c) Eres la suma de tus amigos… aunque algunas veces es una resta. “El que anda con sabios, sabio será. Más el que se junta con necios será quebrantado” (Pr. 13:20). El mundo lo dice como “dime con quién andas y te diré quién eres”. Oímos frecuentemente que a este o a aquel lo mataron por estar junto con en donde no debía. Sean los hijos de Dios tus amigos, entre ellos, ¡hasta el diablo parecía un hijo de Dios! ¿haz leído el libro de Job? (Job 1:6).
He visto las especies de la creación, cada espécimen se siente cómodo en su propia especie. Pasa lo mismo con las razas entre seres humanos, así como grupos sociales, intelectuales, etc.

Procura un padre espiritual sabio: “Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, y estad atentos, para que conozcáis cordura. 2 Porque os doy buena enseñanza; no desamparéis mi ley. 3 Porque yo también fui hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre. 4 Y él me enseñaba, y me decía: retenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás. 5 Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca” (Pr. 4:1-5). Tenemos muchos medios de comunicación y hay muchos comunicadores, pero, ¿cuántas de esas personas te pueden enseñar acerca de cualquier tema que necesites en tu vida? ¿Y cuántas de esas personas tienen fruto en sus vidas que demuestren ser capaces de enseñar? Un personaje televisivo no es un padre espiritual. ¿Y a cuántas personas conoces que valga la pena imitar?

Pide consejo: “escucha el consejo y recibe la corrección para que seas sabio en tu vejez” (Pr. 19:20). Se parece mucho a “el que no oye consejo no llega a viejo”. Tenemos un Centro de Consejería con profesionales del Consejo, además líderes, diáconos y personal preparado para ayudarte. ¿Por qué enfrentar sólo tu problema? Aprende a pedir consejo, no seas como aquel hombre con complejo de superioridad que acudió al doctor: “tengo complejo de superioridad” No se apure, buen hombre, -dijo el doctor; yo voy a ayudarle. A lo que el enfermo respondió: ¡qué me va a ayudar usted, doctorcito de pueblo!

Conclusión: he notado que la gente sabia tiene menos problemas, suele anticiparse y tomar decisiones que le librarán de dolores y pesares. La sabiduría edifica una vida feliz.
La sabiduría de la Palabra te guiará; encuentro personas que no quieren leer la Biblia y luego toman decisiones en base a cosas que soñaron.
En la consulta: - Pastor, cada noche tengo el mismo sueño: empujo una puerta con una palabra escrita encima. Empujo, empujo y empujo, pero nunca consigo abrirla. - Y que hay escrito en la puerta? - “Jale”.

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