Una Vida Mejor - Segunda Parte
UNA VIDA MEJOR
Segunda parte: los problemas pueden llevarte a tu destino
“Y mandó Yahwéh al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (Jonás 2.10).
Introducción: una tarde cualquiera regresando del trabajo, el señor Pérez tuvo un accidente automovilístico. De momento, el panorama suyo y de su familia fue devastador. Huesos rotos, bienes perdidos y la sensación de “¿dónde está Dios cuando lo necesito?”. Sin embargo, en los análisis del hospital descubrieron la formación de un cáncer en el cuerpo del señor Pérez. Aún estaba en sus inicios y pudo ser extirpado sin dificultad. ¡Si no fuera por ese accidente no habrían descubierto el cáncer! Su grave problema le salvó la vida y evitó que la familia quedara desamparada.
UNA VIDA MEJOR
Segunda parte: los problemas pueden llevarte a tu destino
“Y mandó Yahwéh al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (Jonás 2.10).
Introducción: una tarde cualquiera regresando del trabajo, el señor Pérez tuvo un accidente automovilístico. De momento, el panorama suyo y de su familia fue devastador. Huesos rotos, bienes perdidos y la sensación de “¿dónde está Dios cuando lo necesito?”. Sin embargo, en los análisis del hospital descubrieron la formación de un cáncer en el cuerpo del señor Pérez. Aún estaba en sus inicios y pudo ser extirpado sin dificultad. ¡Si no fuera por ese accidente no habrían descubierto el cáncer! Su grave problema le salvó la vida y evitó que la familia quedara desamparada.
Transición: contexto del versículo y mensaje anterior… hoy veremos que ese problema insoportable fue diseñado especialmente por Dios para llevarte a tu destino.
1.- QUE HACER EN EL LUGAR DE “SIN REMEDIO”.
a) Debes orar, cuida tu alma “Entonces oró Jonás a Yahwéh su Dios desde el vientre del pez” (vr. 1). El vientre del pez fue el Seol para Jonás (vr. 2). ¿Te has puesto a pensar qué fue lo que hizo Jonás tres días en el estómago de un pez? ¡Oró! No siempre las condiciones parece propicias para orar, pero son precisamente aquellas circunstancias que parecen peores las que mejor nos ayudan a buscar a Dios. No esperes a que las cosas mejoren para empezar a orar, este es el momento de hacerlo.
b) Debes invocar a Dios, cuida tu boca “y dijo: invoqué en mi angustia a Yahwéh, y Él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste” (vr 2). Jonás no sólo estaba como en el Seol, sino en el seno del Seol, el vientre del pez fue el centro del mismo infierno. Generalmente, cuando la angustia llena el alma, la boca es saturada de queja y los ojos de lágrimas; sólo aquellos que contienen más sustancia en su interior dedican su esfuerzo a invocar a Dios en el momento de la angustia. Y por supuesto, para los tales, los oídos de Dios están atentos. Jonás clamaba desde el Seol y fue oído. El vientre del pez fue su tumba y su infierno. Algunas experiencias son una tumba y otras son un infierno, Jonás tuvo ambas. Son experiencias que sepultan las posibilidades y los sueños; son el infierno que consume la vida verdadera del reino. Pero aún así, invocó al Señor.
c) Debes resistir la corrupción, este no es el final “Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí” (vr. 3). Tratemos de imaginar la experiencia de Jonás en el vientre del pez: oscuridad total, olor nauseabundo, como vómito, desperdicios de comida en descomposición, muy poco oxígeno y tragar agua salada que hace al profeta vomitar una y otra vez tragando de nuevo lo mismo que arroja. Algas se enredan en su cabeza (vr. 5) asfixiándole sin poder distinguir claramente de momento en las tinieblas si se trata de animales o plantas; pánico y gritos ahogados. Y detrás de todos esto, el sentimiento del abandono y de la ira de Dios sobre él. ¿Quieres un cuadro del infierno? Aquí tienes uno.
¿Sientes que todas las ondas de Dios cayeron sobre ti? Hay momentos en los que pensarás vivir un infierno, posiblemente el dolor rebasa tus límites. En ese instante debes repetirte: este no es el final. La idea divina es que sea tu carne y no tu alma la que sea sepultada por la fe. Sólo así se puede ser cristiano practicante, muertos y sepultados con Cristo: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado” (Rom. 6:6-7). Dicha muerte es poner fin a la carnalidad y conducta pecaminosa del creyente. Nosotros morimos hace dos mil años, no nos prepararon un pez ni un sepulcro, pero estamos en Cristo y su experiencia es nuestra experiencia. Piensa en un bebé mientras está en el vientre de su madre, si ella muere, el niño también morirá; así nosotros, estamos en Cristo, cuando Él murió, también nosotros morimos con Él; y cuando Él resucitó, también nosotros resucitamos con Él.
Sin embargo, no te preocupes por terrible que parezca tu día, Jonás no fue digerido; Cristo no se corrompió; ¡y nosotros estamos llenos de vida! La muerte, el pecado, y la corrupción no pueden tocarte.
2.- QUE HACER CUANDO TE SIENTES SIN DIOS.
a) Debes seguir creyendo “Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; más aún veré tu santo templo” (vr. 4). Sentirse desechado puede ser el sentimiento más devastador del ser humano; y más, cuando se trata de sentirse desechado por Dios. Fue allí cuando Jonás recuperó su fe: “a pesar de todo volveré a estar en la Casa de Dios”. ¡Aleluya! ¿Puedes esperar ser parte del plan de Dios aunque tu propia conciencia te condene? La fe puede hacer eso. ¿Qué puedes ver cuando tus emociones son contra ti? Sólo lo que decidas ver con los ojos de la fe. Dilo: “mi historia no termina mal, sino bien”.
b) Debes seguir en control “Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo; el alga se enredó a mi cabeza” (vr. 5). Rodear, rodear, enredar, atado y más atado por inmundas ataduras; así se sentía Jonás. Se sentía totalmente perdido, el agua salada del mar llenaba todo su ser exteriormente y comenzaba a llenarle también interiormente, tanto, que pensó sentirla en el alma. Rodeado del abismo, la profundidad del mar y la figura de lo más intenso de la maldad. ¿Te has sentido rodeado por la maldad? ¿Con las tinieblas turbando tus pensamientos? …es sólo eso, un sentimiento que pasará.
c) Debes mantener la libertad “Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; más tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Yahwéh Dios mío” (vr. 6). Cuando desciendes por agonía, que no sea para dañarte, sino para descubrir los secretos de la creación, allí aparecen los cimientos de los montes, el fundamento de las cosas permanentes. Una vida que nunca ha sufrido suele ser una vida que jamás será estable. Sin embargo, cuídate en el dolor, podrías quedar atrapado por sus cerrojos para siempre. Algunos salen de su problema, pero jamás pueden sacar las secuelas de dicho problema del corazón. Están encadenados con cerrojos de amargura y de dolor, grillos de temor y de rencor.
Pero la nota no termina mal: “más tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Yahwéh Dios mío”. ¡Aleluya! La muerte no es el final, el dolor no será tu último recuerdo. Vendrán tiempos mejores. Dios es el Libertador, el Dios que vence la muerte. En sólo tres días la cruz pasó de figura de maldición a símbolo de salvación. Es el poder de la resurrección.
Jonás desobedeció a Dios, era culpable de su mal; con todo, Dios lo salvó. ¿Comprendes? Aunque tengas la culpa su misericordia te alcanza.
3.- QUE HACER ANTE LA SOMBRA DE MUERTE.
a) Debes refugiarte en la Casa de Dios “Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Yahwéh, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo” (vr. 7). Que el cuerpo muera es comprensible; pero que sea el alma lo que desfallezca ¡esa es verdadera muerte! ¿Qué hacer cuando la sombra de la muerte se acerca? ¡Acuérdate de Dios!
Jonás trató de huir de Dios escapando del sitio donde Dios se manifestaba, es decir, el templo de Jerusalén. Ahora que Dios lo escuchó, refiere al lugar desde el cual fue oído por Dios como el mismo templo. No es que Dios estuviera encerrado como los falsos dioses inventados por los hombres, sino que el Pacto antiguo consistía entre otras cosas que Dios les oiría desde el templo si oraban inclinándose en su dirección desde cualquier lugar que estuvieran. ¿No es hermoso tener semejante lealtad a un lugar? ¿Puedes ver a la iglesia en la misma forma que Jonás vio el templo santo de Dios?
b) Debes mantener el propósito “Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan” (vr. 8). La misericordia es un atributo propio del reino de Dios, pero si el hombre actúa contra los propósitos del reino, terminan perdiendo la capacidad de dar y de recibir misericordia. Transformándose en seres duros sin afecto natural e incapaces de disfrutar la gracia de Dios. Mantén el propósito de tu existencia, el cual consiste en el reino de Dios. El hombre se convierte en aquello que adora, si ídolos, será vacío; si Dios, será glorioso.
c) Debes ser fiel al Pacto “Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Yahwéh” (vr. 9). Jonás hizo votos a Dios esperando salir; entre ellos, consagrarse. Paga lo prometido. Algo así como presentarse en sacrificio. ¿Y cómo se presentan sacrificios a Dios? Ofreciendo sacrificio alegremente. No sufras por lo que dedicas al Señor, Él nunca vive preocupado.
Si tienes problemas necesitas tener también voz de alabanza. Úsala para cambiar tu suerte.
Conclusión: . “Y mandó Yahwéh al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (vr. 9). el mal no es el final. El pez, lo mismo que toda la creación, incluyendo tu problema, están sujetos al Señor. Fue Dios quien creó al gran pez, quien no le dio capacidad de digerir en su estómago al profeta. La corrupción no ganará.
El pez vomitó a Jonás por la Palabra de Dios. Esto no debió ser agradable, ¿te imaginas el olor? La humillación fue impresionante, se ha de haber bañado más de siete veces. El pez lo vomitó como un animal enfermo que desecha lo que no puede digerir. Un profeta es demasiado para ser digerido. Cuando aprendes a profetizar, no hay Seol que pueda devorarte. No perteneces al pez, tu lugar no es el Seol, eres demasiado para terminar así.
Jonás no fue vomitado en el mar, el pez lo llevó a tierra. El grave problema no es para destruirte, sino para llevarte a tu destino conforme al propósito de Dios. Dios no te dejará en el vientre del pez. Este no es el final, sino el comienzo de una nueva vida. Es la tumba del viejo hombre.
EL PEOR LUGAR PUEDE SER LO QUE NECESITAS ANTES DE UNA VIDA MEJOR.