UN NUEVO SER
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
Introducción: hay una guerra mayor a todas las guerras juntas que han existido, incluyendo las guerras mundiales; es la lucha por “encontrarse a sí mismo”; la pelea diaria de todo ser humano por llegar a la conciencia del verdadero yo. Y no me refiero al alter ego, sino al yo interior. El mundo sin Dios es un mundo perdido que vaga en tinieblas; sin embargo, Dios no lo mira repulsivamente, sino como a un hijo pródigo que está fuera de sí al estar fuera de casa de Papá. ¿Y qué es volver a casa, sino volver a la conciencia de haber salido de Dios y de tener por destino volver a Él?
Dios es luz y en su luz llegamos a ver las cosas como realmente son; incluyéndonos a nosotros. Si podemos ver, podemos andar; y si podemos andar, el propósito de Dios al crearnos se cumplirá.
Transición: imagina por un momento que estás en una ceremonia de premiación, miles de personas se reunieron allí para homenajear a una de ellas. Todos están allí, amigos y familiares, aún desconocidos de rostros amigables; es elegante y los medios de comunicación se amontonan expectantes tratando de captar la noticia. Imagina que el ambiente se llena de una preciosa y excelente música producida por una flamante orquesta y de pronto, entre bombo y platillo, se escucha tu nombre por el presentador. ¡Eres tu quien debe pasar al frente! No cabes en ti de gozo; caminas por la alfombra roja mientras recibes incontables palmadas en la espalda y miles te vitorean entre risas y aplausos. Y allí, a tus conservados cien años de edad, frente a todo el mundo, debes dar unas palabras de agradecimiento. Estás precedido por una vida maravillosa y luciendo tan brillante que por instantes parece que la glorificación ha comenzado en ti…
Vuelve tu mente aquí y ahora, a este lugar; permíteme preguntarte: si sigues pensando que eres quién crees ser y que sólo puedes hacer lo que haces, ¿crees que llegarás a estar donde imaginaste?
Quién dice Dios que eres y qué dice Dios que puedes hacer, es el mensaje para el que fui enviado hoy a traerte…
1.- YO SOY
a) Identidad: “somos”. No soy lo que dijeron que era y tampoco soy lo que fui; yo soy lo que Dios dice que soy. Es el despertar de la conciencia por encima de las voces de este mundo; es escuchar la dulce música interior a pesar del escándalo ensordecedor de la vida moderna.
Otros se achicaron ante las comparaciones, 10 espías se sintieron langostas ante los gigantes, ellos mismos se compararon así; por su parte, siglos después, un muchachito llamado David no se dejó comparar con el gigante Goliat. Compárame con quien quieras, pero yo me parezco a Jesús.
La imagen que tengas de ti mismo afectará tu destino; serás lo que creas ser, ya sea que se trate de la opinión del mundo y del diablo, o la opinión de tu Creador y Padre. Por mi parte, yo vivo ante un público de uno: Dios.
“Y el ángel de Yahwéh se le apareció, y le dijo: Yahwéh está contigo, varón esforzado y valiente. 13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Yahwéh está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Yahwéh de Egipto? Y ahora Yahwéh nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. 14 Y mirándole Yahwéh, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?” (Jueces 16:12-14).
- Lo que Dios opina de ti suele no tener nada que ver con la forma en la que tú te ves a ti mismo (vr. 12).
- No te definas por una condición presente y tampoco definas el respaldo divino por lo que suceda (vr. 13)
- Si le crees a Dios respecto de lo que dice que tú eres, harás lo que dices que no puedes hacer. Entonces tu condición cambiará (vr. 14).
- Dios no miente y tiene un juicio absolutamente certero, ¿te das cuenta que te está mirando y aún así se refiere a “tu fuerza” como capaz de salvar a otros?
b) Forma: “hechura”. No soy un accidente ni el producto de una mala experiencia; tampoco estoy mal hecho; soy la creación personal del Inventor del arte y de la ciencia.
“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. 14 Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. 15 No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. 16 Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Salmo 139:13-16).
- Alaba a Dios por la persona que tú eres (vr. 14).
- Eres formidable y maravilloso, ¡maravíllate contigo mismo! (vr. 14).
- ¿Sabe tu alma lo formidable que eres? (vr. 14).
- Estás en la historia, apareces en el Libro desde antes de que fueras formado (vr. 16).
- Nada de lo que Dios escribió faltará de cumplirse, no te preocupes (vr. 16).
2.- YO ESTOY
a) Pertenencia: “suya”. No me formaron mis padres ni los maestros de escuela; tampoco soy el producto de amistades o demás conocidos; ni aún a las circunstancias llamaré creador; todos ellos fueron instrumentos de Dios, cincel y buril que Él, cual magistral alfarero, utilizó para formarme; por tanto, no pertenezco a unos ni a otros, sino a Dios.
Y si pertenezco a Dios y no a los instrumentos que Él utilizó en mi formación, ¿por qué habría de vivir para los medios en lugar de vivir para el Creador?
“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. 2 Servid a Yahwéh con alegría; venid ante su presencia con regocijo. 3 Reconoced que Yahwéh es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado” (Sal. 100:1-3).
El reconocimiento de Dios como nuestro Creador nos lleva a varias implicaciones:
- Por ser el Creador es también el Dueño: “pueblo suyo somos”.
- No sólo nos creó, también nos sustenta; así que no debemos temer nada: “somos ovejas de su prado”.
- Por ser creados y sustentados por Él, debemos, en consecuencia, vivir para Él: “servir a Yahwéh con alegría”.
b) Medio: “en Cristo Jesús”. Cristo es el centro del universo, el primogénito de la creación.
“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. 17 Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten” (Col. 1:15-17).
Dios todo lo hace a través de Cristo, hizo el universo por medio del Verbo hablado; e hizo también una nueva creación por medio del Verbo encarnado. Nosotros somos parte de esa nueva creación. Dios habló y todo llegó a ser; y nuevamente Dios habla a tu vida y así llegarás a ser en Cristo conforme a la nueva creación. Esta es la importancia de la Palabra de Dios.
Esta Palabra es viva y eficaz (Heb. 4:12); debe habitar en ti y no sólo memorizada por ti:
“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Col. 3:16).
Hace unos días te expliqué cómo el Espíritu es hecho uno con nosotros así como el oxígeno entre por el aliento y oxigena todos los tejidos y órganos del cuerpo; pues igualmente Cristo se encarna en nosotros, es nuestro alimento y pan de vida, que, digerido en la Palabra es metabolizado por el espíritu de nuestra mente para que llegue a ser uno con nosotros.
La gente suele querer algo, pero lo que necesita es Alguien. Ese Alguien está en su Palabra, Él es el Verbo de Vida.
3.- YO HAGO.
a) Propósito: “para buenas obras”. Sin Cristo fui totalmente malo y absolutamente inclinado al mal; pero en Cristo soy bueno y puedo hacer el bien.
¿Quién te dijo que no puedes? Si le preguntamos a los niños en el kínder cuántos de ellos son artistas, todos levantarán la mano, a sus ojos todos ellos pueden cantar, bailar, pintar, etc.; pero si hacemos el mismo cuestionamiento a adultos mayores de 40 años, muy pocos levantarán la mano. ¿Qué sucedió entre los 5 y los 40 años? ¿Quién te convenció de que no podías? La mayoría de las personas son una enorme colección de “no puedos”.
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Cor. 15:10).
- La gracia de Dios primero te convence de la identidad correcta.
- Después, la gracia de Dios te lleva a hacer lo que antes creías imposible para ti.
- Sólo entonces estás en posibilidades de que la gracia te de lo que Dios tenía previsto darte.
Si no te dedicaras a satisfacer todas las razones de por qué no puedes hacer tal cosa, ¡ya la habrías hecho!
b) Destino: “las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
El favor me está esperando. No tengo que inventar ni improvisar nada; mi Padre Todopoderoso y omnisciente tiene todo previsto para mí desde antes de crearme.
“Luego se levantó para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis; 16 y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis. 17 Espigó, pues, en el campo hasta la noche, y desgranó lo que había recogido, y fue como un efa de cebada” (Rut 2:15-17).
La condición de Rut era la de una indigente recogiendo las sobras de la cosecha para comer; pero por su fidelidad. El Señor la favoreció cuando Booz mandó que le dejaran fruto, así como dejar caer ante ella espigas para que tuviera mucho más que recoger. ¡Más de veinte kilos de grano puro rápidamente!
- Dios dejará caer delante de ti, trozos de su favor a cada paso, sólo camina fiel.
- La vida te sorprenderá, tendrás mucho bien que recoger.
- Cada circunstancia frente a ti encierra algunas espigas más, se atento y recógelas.
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan (sinergian) a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Rom. 8:28).
No puedo fracasar, el universo entero está colaborando a mi favor.
Conclusión: Dios no falla ni puede ser burlado, Él es triunfador en todo lo que hace y yo fui hecho por Él, así que fui hecho para ser un éxito. Dios no ha terminado, por lo que nuestra imaginación tampoco debe hacerlo: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Flp. 1:6).
¡Eres una buena obra en Cristo y aún serás mejor todavía!