UN dios A LA MEDIDA
“Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2 Y Aarón les dijo: apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. 3 Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; 4 y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto” (Ex. 32:1-4).
Introducción: al ser humano le gusta lograr las cosas sin esfuerzo. Copiar en un examen; resolver descomposturas con un alambre; descubrir atajos. Estamos en tiempos donde la comodidad prolifera. Hay controles remoto para todo, para la televisión, la cochera y hasta para la luz. Todo fácil, hornos de microondas y comidas prefabricadas. Incluso, hay quienes hacen su propia religión y acomodan la fe a su manera.
Transición: pero la vida de fe no es un asunto sencillo, sino compromiso extremo. Cuando el pueblo de Israel esperaba a Moisés decidió fabricar un becerro de oro; un “dios” a la medida; religión al gusto. En el buffet de la necedad humana, los hombres tienen un gran menú de dioses y religiones pensando que pueden tomar lo que más se le acomode con tal de creer en algo. Esto es tan necio como pensar que puedes tomar la medicina que quieras sin importar el mal esperando sanar sin consecuencias.
1.- UN dios A LA MEDIDA.
a) Qué es un dios a la medida. Esta es la religión del becerro de oro. La religión de la apariencia y de lo externo. La religión que no necesita un cambio de corazón y que tiene mandamientos de piedra fuera del hombre. Es la religión de la sensualidad, donde defines que Dios está porque “sientes” que Dios está.
No importa que le llames Yahwéh, no es Yahwéh. Aunque le dediques el culto, no lo recibirá: “y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses (Elohim), que te sacaron de la tierra de Egipto. 5 Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: mañana será fiesta para Yahwéh. 6 Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse. 7 Entonces Yahwéh dijo a Moisés: anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido” (32:4-7). No puedes disfrazar de cristianismo lo que no es. Hay agoreros y charlatanes que usan textos bíblicos y aparentes oraciones a Dios, pero son sólo engañadores.
b) Cómo se hace un dios a la medida. Dieron los zarcillos de sus orejas a Aarón para que les hiciera un dios a la medida. Lo que escuches te llevará a lo que creas; oro en las orejas. Aarón consintió, figura de un sacerdocio ineficiente; es el creyente que presta oídos a las ideas de este mundo; es el corazón que trata de complacer a los demás y acomodarse al ambiente para ser aceptado.
Dichas ideas, aunque parezcan de oro, van dándole forma como por buril a una religión acomodaticia a los intereses humanos.
c) Por qué hacer un dios a la medida. Es más fácil seguir un dios que se puede mirar e incluso dejar de mirar si así se desea, que estar a merced del Dios que hace temblar los montes, al que no puedo ver y de quien no me puedo esconder. Inconscientemente, ese era el pensamiento del pueblo.
Cuando Aarón fue cuestionado, puso las excusas más comunes que la gente pone para armar la religión a la medida:
- La excusa más tonta de todas: “todos lo hacen”. “Y respondió Aarón: no se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal” (32:22). Como decir “somos humanos”, “no puedo resistir la presión de la mayoría”.
- La acusación más ridícula de todas: “el líder tiene la culpa de lo que yo hago”. “Porque me dijeron: haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido” (32:23). Es como decir: “yo me aparté porque me dieron mal ejemplo”; “tú tienes la culpa, ¿para qué te tardaste?”
- La mentira más absurda de todas: “siento de Dios”. “Y yo les respondí: ¿quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro” (32:24). Como decir: “Dios abrió la puerta”; “si el Señor no hubiera querido, ¿por qué lo permitió?” “Tuve un sueño”; etc.
2.- LA CONSECUENCIA DE UN “DIOS” A LA MEDIDA.
a) El Pacto se rompe. La religión inventada por hombres parece darles relativa paz, como si las cosas funcionaran; Israel estaba de fiesta, según ellos, adorando a Yahwéh; pero la realidad es un viejo profeta rompiendo las tablas de los mandamientos a las faldas del monte; es un pacto roto con un Dios airado: “Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte” (32:19).
b) El dios falso ha de tragarse: “Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel” (32:20). Ten cuidado con el tamaño de tus mentiras, no sea que algún día tengas que tragarlas. La decepción de llevar una religión toda la vida que no sirvió para nada es terriblemente dolorosa. Llega el día cuando se hace polvo ante la adversidad y el hombre se queda frustrado por haber seguido una ilusión toda su vida.
c) Separación: “se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Yahwéh? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví. 27 Y él les dijo: así ha dicho Yahwéh, el Dios de Israel: poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. 28 Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. 29 Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Yahwéh, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy sobre vosotros” (32:26-29). Una consecuencia de hacer una religión a la medida es perder la religión verdadera. El reino es radical y tarde o temprano se separará lo verdadero de lo falso; la Palabra separará los vivos de los muertos. La espada se llenará de sangre y tendrás que decidir aún sobre la familia.
d) Dios se sale del campamento. Pero sin lugar a dudas, la peor de las consecuencias es perder la Presencia de Dios: “…pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino. 7 Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Yahwéh, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento” (33:3, 7). Si un empresario pierde el capital de su empresa puede decirse que está en la ruina; ¿cómo llamaremos a perder a Dios, la suma de todo bien? ¡Ruina eterna!
Si Dios no está cercano seguramente fuiste tú quien se alejó; si tienes que salir a buscarlo, ¿qué esperas? Lo que no comprendo es porque salir a buscarlo fuera del campamento y luego regresar de nuevo al campamento sin Él; la Biblia dice que Josué se quedó allí: “Y hablaba Yahwéh a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo” (Ex. 33:11). El pueblo adoraba desde su tienda y Moisés iba y venía al tabernáculo, pero Josué pensó: “para que regreso al campamento, mejor me quedó aquí donde Dios está, es bueno estar con el viejo Moisés, pero prefiero la Presencia del Dios Todopoderoso”.
e) Otro hacedor de dioses pierde el trono. Aarón no fue el único en tratar de complacer a la gente haciéndoles un dios; hubo otro hombre que se ganó el premio al tonto del año haciendo no sólo un dios, ¡sino dos becerros de oro!: “Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel. Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Yahwéh en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá. Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto” (1 Reyes 12:25-28).
Fue llamado por el error de otro. Jeroboam no estaba en el plan original, pero fue incluido por la idolatría del rey Salomón. La promesa era que la descendencia y sólo la descendencia de David gobernaría Israel, pero por la trasgresión de su hijo Dios partió el reino dándole diez tribus a Jeroboam a la muerte de Salomón. Una vez rey, pensó en su corazón (lo que implica un pensamiento muy fuerte) que el pueblo lo dejaría a él para regresar a la dinastía de David porque en Judá estaba el centro de la adoración y no en su territorio. Así que simplemente estableció dos nuevos lugares con nuevos sacerdotes, reglas y fechas de culto según su propio capricho. De esta manera, pensó, podía conservar al pueblo y su trono. ¿No es extraño que Dios lo hiciera rey y luego él intentara quitarle el trono a Dios? ¿En qué momento un hombre piensa que la religión consiste en seguirle a él? La peor tragedia de un líder, ya sea político, religioso, familiar o de cualquier índole, es que olvide que se trata de Dios y se considere a sí mismo el centro de la historia. Pero esto no es exclusivo de los líderes, sino que también es la pregunta de todos: quién gobierna mi corazón.
Dios no abrió las elecciones para ser Rey. La majestad le pertenece sin necesidad de votaciones. No importa que sea o no reconocido, Dios manda sobre todos los asuntos de los hombres. Pueden éstos poner su lugar de culto aquí o allá, pero eso no afecta su soberanía. Te lo diré claro: Dios puede quedarse sin ti y seguiría siendo Dios, tan perfecto, santo y feliz como siempre; pero tú no puedes quedarte sin Dios porque te convertirías en un alma triste, amargada e infeliz por la eternidad. La religión verdadera no consiste en atraer a la gente a uno, sino atraerlos a Dios. Y la vida feliz es semejante, no consiste en que los demás te amen y te procuren, sino en que tú ames y procures el bien ajeno, no por lo que respondan hacia ti, sino por quien tú eres. Dios ama. Punto. Esa es la verdad. Él es amor y nada de lo que hagas o dejes de hacer lo deformará. Nunca se amargará ni caerá en depresión. ¿Pero nosotros? Si nos descuidamos podemos ser tan frágiles como un barco de papel en el mar.
Jeroboam tuvo la peor idea de todas, lo ponen por rey ocupando el lugar que dos extraordinarios hombres antes que él tuvieron; ¡entonces se fabrica unos becerros de oro para que la gente no lo deje! ¿Acaso no aprendió nada de Aarón e Israel en el desierto? Las ideas egocéntricas son becerros que un día tragaremos. De las cosas absurdas que los hombres pueden hacer, este se lleva el premio mayor. Es el campeón de los necios y el número uno de los ciegos. La religión a la manera del hombre es una falsificación como la que el diablo intentó en el cielo. Adorar “a mi manera”; creer “a mi manera”; vivir “a mi manera”; es hacerse dios a uno mismo. ¿El final? Igual que Jeroboam, murió después de una vida frustrada y toda su descendencia fue cortada, no quedó más vestigio de él. Todo lo que se hace “a mi manera” finalmente es olvidado.
Pero ¿quién puede olvidar a Jesús? En todos los siglos ha sido el centro, el eje. Su secreto fue tomar la copa que el Padre le daba aunque no le gustaba el sabor de la maldición. ¿Cómo dejas de mirar a un crucificado? Quien toma la cruz antes del trono y procura la gloria del Padre antes que la propia se hace inmortal y eternamente glorioso. Olvida los becerros de oro; nada hará que seas más procurado que dedicarte a llevar a otros a Dios.
3.- LA MISERICORDIA DEL DIOS SIN MEDIDA.
a) La vez que Dios pidió permiso. Entonces pasó algo sorprendente: ¡Dios pide permiso a Moisés de destruir al pueblo! “Déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande” (Ex. 32:10). Dios es soberano y puede hacer cuanto desee, pero amorosamente solicita la intercesión de su siervo, quiere que lo detengan y quiere enseñar a su hijo cómo defender al pueblo hasta de sí mismo.
b) El siervo que estorbó al Amo. ¿Qué argumentos usó Moisés para detener el juicio de Dios?
Primero, “es tu pueblo y tú lo sacaste. No es mío ni yo lo saqué” (vr. 11). Si Dios no hace la obra, ¿cómo la haríamos nosotros?
Segundo, “los egipcios hablarán mal de ti” –argumentó Moisés (vr. 12). Cuidar la gloria de Dios es infalible. Esta historia se trata de Él y no de nosotros.
Tercero, “acuérdate del pacto y las promesas, eres el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel” (vr. 13). Moisés dijo Israel y no Jacob, pues le recordaba el Pacto y la transformación de Jacob. Si lo hizo antes podía volver a hacerlo.
Moisés hizo un gran trabajo de intercesión, incluso estuvo dispuesto a la condenación en lugar del pueblo. Subió al monte y le dijo a Dios que si no los perdonaba lo borrara de su Libro (debe ser el Libro de la Vida Ap. 3:5). Como Pablo por los judíos y como Jesús por todo el mundo. ¡Y Dios se arrepintió! La cruz no falla.
Conclusión: No fabriques tu propio becerro. Sé genuino, radical, cristiano. Considera el fracaso de las tablas de la Ley escritas en piedra: no pueden ser obedecidas por hombres de corazones sin Ley. Por eso el Hijo de Dios desarrolló su propia intercesión, se puso entre Dios y el hombre dispuesto a ser quitado del Libro de la Vida y protegió la gloria y la justicia de Dios. Luego, hizo descender a su Espíritu, ya no ha Moisés airado para que rompiera el Pacto, sino al Espíritu santo para que lo confirmara. No Moisés que quebrara las tablas de la Ley, sino al Espíritu para que las escribiera en el corazón de los que creen en Él. ¿Cómo habríamos de conformarnos con imitaciones?
“He aquí que vienen días, dice Yahwéh, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Yahwéh. 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Yahwéh: daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jer. 31:31-33).