Perfil de tres monarcas
-- ¡Sabio!
-- Si.
-- Sabio, ¿pudiera concederme unos minutos?
-- Por supuesto, tengo muchísimo tiempo.
-- ¿Acaba de venir de una reunión en casa de Absalón?
-- Sí así es.
-- ¿Le molestaría compartir conmigo algunas de sus impresiones mientras estuvo allí?
-- Puedo decirle enfáticamente que ninguna rebelión en el reino de Dios es atinada, ni nunca puede ser planamente bendecida.
-- Sabio, ¿por qué dice tal cosa?
-- Por muchas razones. Una es evidente. En el reino espiritual un hombre que esté a la cabeza de una rebelión ya ha demostrado (no importa cuan grandiosos sean sus discursos o cuan angelicales sean sus métodos) que tiene una naturaleza inclinada a la crítica, un carácter sin principios y motivos ocultos en su corazón. Francamente, es un ladrón. Crea la tensión y el descontento dentro del reino, y luego toma el poder o lo socava con sus seguidores. Une a los partidarios que consigue para establecer su propio dominio. Es un comienzo lamentable, basado en el fundamento de la insurrección. No, Dios nunca aprueba la rebelión en su reino.
Me resulta curioso (prosiguió el sabio) que los hombres que se sienten competentes para dividir el reino de Dios no se sientan capaces de irse a alguna otra parte, a otra tierra para erigir un reino completamente nuevo. No, ellos tienen que robar el reino de otro líder. No he visto la excepción. Siempre parecen necesitar al menos algunos partidarios previamente moldeados a su gusto. Comenzar solo y con las manos vacías asusta al mejor de los hombres. Eso también indica claramente lo seguro que están de que Dios está con ellos. Cada una de sus palabras, si verdaderamente se analizan, habla de su inseguridad. Hay muchas tierras intactas y sin dueño. Hay mucha gente en otros sitios que esperan para seguir a un verdadero rey, a un verdadero hombre de Dios. ¿Por qué los “aspirantes a reyes y profetas” no se marchan silenciosos y solos, encuentran a otra gente en otro sitio, y allí erigen el reino que imaginan? Los hombres que dirigen las rebeliones en el mundo espiritual son hombres indignos. No hay excepciones. Y ahora debo irme. Tengo que unirme al desfile que pasa.-- Dígame, sabio, ¿cómo se llama usted?
-- ¿Mi nombre? Soy la Historia…Extracto de la obra maestra de Gene Edwards, Perfil de tres monarcas. Publicado por Editorial Vida.