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Cuántas veces en el trabajo espiritual nos encontramos con
personas que son medio “buenas”, medio “creyentes”, medio
“consagradas”. Tratamos de motivarlas a que sigan en el
evangelio, y no resulta. Caminan un tiempo, y no funciona;
exponemos la palabra de Dios ante ellos y no vemos los
cambios esperados ¿por qué?
Porque el primer
paso, el del arrepentimiento, no lo tienen bien
asegurado. Recuerden que el primer rudimento de la doctrina
de Cristo es el arrepentimiento de obras muertas, mientras
ellos no se hayan arrepentido para con Dios, mientras no les
duela el haber estado lejos de Dios, mientras no haya
arrepentimiento y la nueva vida no se haya manifestado, nada
de lo que hagamos y digamos surtirá el efecto esperado.
Primeramente
debemos asegurarnos que el arrepentimiento en nuestros
discípulos sea una característica clara y palpable antes de
continuar en la búsqueda del crecimiento espiritual de cada
uno de ellos. Mientras no haya señales de arrepentimiento y
nueva vida, debemos continuar ministrando la palabra a las
personas con un fuerte enfoque al arrepentimiento. Sin
importar el tema que estemos tratando, éste deberá tener una
aplicación hacía el arrepentimiento. Que Dios nos conceda
más de su gracia.
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Más o manos a la edad que
comencé a tomar clases de piano y que nacieron mis hermanas
gemelas, supe que Dios tenía algo especial reservado para mi
vida. Fue a los 8 años de edad que recuerdo haber hecho una
entrega personal al señorío de Jesucristo y fui bautizado en
agua.
Mis hermanos y yo acompañábamos con mucha frecuencia a
nuestro papá a los pueblos para predicar. En uno de esos
pueblos llamados Vicente Guerrero, se llevaban a acabo una
serie de cultos especiales de evangelismo. Predicaba un
pastor norteamericano llamado Keeling. Fue en una de esas
reuniones que supe, sin lugar a dudas, que Dios me había
llamado para su servicio.
Aunque era un niño, me arrodille a un lado de un banco de
madera para decirle al Señor: “Heme aquí, quiero servirte”.
Cuando regresé a la casa, recuerdo haberle dicho a alguno de
los que ahí estaban: “Esta noche Dios me llamó a su
servicio”.
Marcos Witt.
Tomado de su libro: Enciende una Luz.
Ed. Casa Creación. Pág. 41.
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Llamados a ser como Cristo
Por David Wilkerson
A menudo, los pastores más jóvenes se acercan y me
preguntan: «Pastor, si usted tuviera que resumir toda su
vida, ¿cuál sería el propósito o la pasión de su vida?». Y
esto es justamente lo que intentaré responder a través de
este mensaje. ¿Cuál es nuestro verdadero propósito? ¿Cuál es
nuestro verdadero llamamiento? No es acerca del ministro, ni
tampoco acerca de la gente; ese es el resultado de nuestro
llamado principal; pero va mucho más allá que solamente la
gente y el ministerio. Creo que hay un propósito mayor para
cada creyente. Todo nuestro llamado y nuestros dones
espirituales están centrados en este propósito, y hasta que
no entendamos este propósito, todo lo que hagamos para
Cristo será en vano. |
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